En poco tiempo han llegado del deporte dos testimonios de amor filial que me resisto a dejar pasar sin escribirlos. El primero fue de Javier Saviola, jugador ahora del Madrid: «Cada vez que meto un gol me acuerdo de mi padre». El joven jugador argentino perdió a su padre apenas llegado al Barça. El segundo es de Kun Agüero, otro argentino, del Atlético de Madrid, que también mete goles. En un programa radiofónico le pusieron una conexión telefónica con su padre y se emocionó hasta llorar a lágrima viva.
Recuerdo un almuerzo en un restaurante, en febrero de 1981, con el doctor Antoni Puigvert, que ya estaba muy mayor. Lo tenía sentado enfrente. Se presentaba un libro suyo sobre grandes personajes que trató en su vida y salió el tema de sus tres esposas, sobre el que hizo broma con una frivolidad que me llamó la atención, pero aún me sorprendió más que, a continuación, cuando recordó a su madre, no pudiera contener la emoción. Interrumpió el uso de la palabra y se secó los ojos.

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